El alambre permite modelar el árbol, darle una forma concreta, una mayor belleza y una mayor similitud con las formas que adoptaría creciendo libremente en los distintos tipos de hábitat. También es necesario para corregir la forma o inclinación de aquellas ramas con irregularidades en su brotación, las que se cruzan con otras ramas, las que tienen un crecimiento excesivamente vertical, etc...
Por consiguiente, podemos considerar el alambrado como el método a utilizar para corregir los defectos, afinar y realzar las cualidades del árbol. Con ello nos permite utilizar ramas de que otro modo tendríamos que podar, en cierto modo el alambre sustituye la fuerza del peso de las ramas en los árboles grandes en la naturaleza.
Antes de empezar a trabajar con nuestro ejemplar es aconsejable practicar alambrando ramas secas.


Mientras no se tenga experiencia, empezaremos por las ramas más finas, en ellas se emplean calibres de alambre más delgado, con lo que el riesgo de partir una rama al alambrar o al doblar la rama, es menor. 
El alambre debe seguir la forma que tiene el tronco o la rama. Entre el alambre y la corteza del árbol, debe quedar justamente el grosor de una hoja de papel. es decir el alambre debe sujetar la rama pero sin estrangular la corteza. 

El alambrado es una técnica que exige que la ramificación del árbol pueda verse con el mayor detalle tijera_1posible. En el supuesto de un árbol con hoja caduca, la respuesta obvia sería que el alambrado se realizase en invierno, cuando ha perdido todas sus hojas. Sin embargo esta época tiene sus inconvenientes, las ramas de los árboles en esta estación no son tan flexibles como en primavera o verano. En invierno las ramas sobre las que vamos a colocar el alambre ya están lignificadas, lo que supone que éste no comenzará a ser efectivo hasta que la savia no comience a circular de nuevo. Esto parece que no es importante, pero en casa de quebrar alguna rama, ésta no cicatrizará hasta la próxima primavera. 

Por el contrario, en primavera, el árbol es más flexible y si observamos atentamente los primeros indicios de brotación, nuestro trabajo no se verá dificultado por un follaje demasiado desarrollado. 
La época más conveniente para el alambrado de las coníferas, que siempre conservan sus agujas, es aquella en que las yemas no están activas, es decir el período comprendido entre el otoño, en que ya han formado las nuevas yemas, y la primavera, en que éstas brotan.
Es conveniente alambrar las ramas de dos en dos, sin olvidar en ningún momento que, al elegir cada par de ramas, exista una distancia suficiente entre cada una de ellas, que permita al menos dos vueltas de alambre en algún punto de sujeción, que puede ser una rama más gruesa o generalmente, el tronco.

 

ALAMBRE:

El mejor es el de cobre, no solo es fácil de manejar, sini que se puede usarse de nuevo. El hilo galvanizado es demasiado elástico y el de aluminio demasiado brillante. Hay alambre de distintos tamaños. Los más usados son los ded calibre: 4-6-10-12-14-16-20-24-26. Para alambrar lo primero debemos seleccionar el tamaño adecuado del  alambre en relación a la medida de las ramas, que vamos a trabajar. El tamaño debe ser un tercio con respecto al tamaño de la rama o tronco. Medir la longitud de la rama o tronco a alambrar y añadir un tercio más antes de cortarlo.